Jardines históricos y refugios de sombra en Palma
Palma es una ciudad mediterránea que aprendió pronto a defenderse del sol. Antes de que existieran los toldos y el aire acondicionado, ya organizaba su vida en torno a la sombra: el agua de raíz andalusí que corría por acequias y fuentes, los árboles que cubrían los paseos, los huertos amurallados que refrescaban los palacios. Recorrer hoy sus jardines históricos no es solo buscar un respiro del calor; es leer cómo distintas civilizaciones —musulmana, cristiana, ilustrada— entendieron el verde dentro de la ciudad. Esta es una guía de esos refugios.
S'Hort del Rei, el huerto del rey
Ningún jardín cuenta mejor esa historia que S'Hort del Rei, a los pies de la Almudaina y de la Catedral. Su origen se remonta a principios del siglo XIV, cuando era el huerto más importante del Castillo Real de los reyes de Mallorca: un espacio cerrado donde se cultivaban frutales, flores y hortalizas. El jardín que hoy se pasea es muy posterior, obra del arquitecto Gabriel Alomar, que a mediados del siglo XX trazó tres jardines contiguos para conciliar la jardinería hispano-musulmana, la renacentista italiana y la tradición mallorquina. El central, inspirado en el Jardín de la Acequia del Generalife granadino, es un homenaje declarado a al-Ándalus: terrazas, fuentes y manantiales riegan almeces, melias y altísimas corís, y entre la vegetación asoman esculturas integradas, como la Jònica de Subirachs o un móvil de Alexander Calder. Es gratuito y está abierto casi todo el día —puedes ver más en la ficha de S'Hort del Rei del organismo balear de turismo.
El Born y la Rambla: un río convertido en sombra
Del jardín se sale al paseo. El Born y la Rambla forman un corredor verde que atraviesa el casco antiguo bajo hileras de árboles altos, y su trazado no es casual: por ahí discurría antiguamente el torrente de Sa Riera. Tras siglos de inundaciones, su cauce se desvió a principios del siglo XVII fuera de las murallas, por lo que hoy es el Passeig Mallorca. Lo que era un río encajonado es ahora la sombra más transitada de la ciudad.
Parc de la Mar, el agua a los pies de la Seu
A los pies de la Catedral, el Parc de la Mar —de los años ochenta— tendió un lago artificial que devuelve, reflejada, la silueta de la Seu. Tiene menos sombra que otros espacios, pero pocas estampas resumen mejor Palma: la piedra dorada, el agua y la muralla renacentista en una sola mirada.
Sa Feixina y ses Estacions, los grandes parques
Para buscar árboles maduros conviene alejarse un poco del núcleo monumental. Al final del Passeig Mallorca, el Parc de Sa Feixina ofrece vegetación abundante, fuentes y rincones umbríos; y, cruzando las Avenidas, el Parc de ses Estacions guarda en su zona central un bosquecillo de moreras que crea un microclima fresco incluso en pleno agosto.
El bosque de Bellver
Si se quiere cambiar el jardín por el bosque, basta subir a Bellver. El castillo —el único de planta circular de España— se alza sobre una colina cubierta de pinar que el Ayuntamiento conserva como espacio singular. Es el gran pulmón verde de Palma: sombra, aroma de resina y, desde lo alto, toda la bahía a los pies.
A un paso del hotel
No hace falta ir lejos. En el entorno de la Calatrava, el barrio de Es Princep, el pequeño jardín que envuelve los Baños Árabes guarda palmeras y plantas a la sombra de un rincón con siglos de historia, y las plazas recoletas del casco antiguo ofrecen bancos a cubierto del sol. Para más planes a la sombra en pleno verano, reunimos otras ideas en refugios frescos de Palma en agosto; y si quieres situar cada jardín en su barrio, ayuda conocer los mejores barrios de Palma.
Recorrer los jardines de Palma es descubrir la ciudad a otra temperatura: más lenta, más callada, más a la sombra. Es, quizá, la forma más mediterránea de entenderla —y la más cómoda de disfrutarla en verano—, sobre todo desde el corazón del casco antiguo, a pocos pasos del primer jardín.