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Santa Catalina

Descubriendo el barrio de Santa Catalina

escrito por Marta Pérez / marzo 18, 2019


‘Si sobrevivo prometo que edificaré un hospital para marineros y pescadores en nombre de mi patrona’.


Ramon Salelles, aquel náufrago que consiguió regresar a casa sano y salvo, cumplió su palabra y materializó su promesa.


En 1343 fundó un hospital en nombre de Santa Catalina de Alejandría, patrona de mercaderes y marinos, en aquel rincón de la ciudad a orillas del Mediterráneo.


Santa Catalina es, desde entonces, un barrio en el corazón de Palma que palpita al ritmo que marcan las olas y el salitre. Tan cerca y tan presente en sus calles y rincones.


Se dice que los barrios que tienen el mar tatuado en su ADN, tienen un carácter abierto por los cuatro costados. Un barrio con influencias cercanas y lejanas que consiguen integrarse en un baile de culturas y mestizaje.

santa catalina


Santa Catalina es, sin duda, un barrio especial.


La tradición se funde a la perfección con la modernidad. El estilo mallorquín y marinero convive con influencias nórdicas y una sociedad local moderna y sofisticada convive con aquellos viejos lobos de mar que sirven como memoria de un barrio, de una historia y de una manera de vivir.


El idioma que predomina en Santa Catalina es el del entendimiento y el corazón. Un maravilloso mercado cubierto, construido en 1920, es el centro neurálgico del barrio. El bullicio matutino de los desayunos y las compras se mezcla con las cestas de paja, las hortalizas, las cañas y los variats de media mañana. Olores y sabores de todo el mundo que son capaces de impresionar a los paladares más exigentes. Cocina de mercado, flores, tradición y vanguardia bajo el mismo techo.


En el mercat de Santa Catalina y sus alrededores reina un ambiente amigable, cercano e informal, bohemio y elegante, en el que se combinan estilos de vida, culturas y caracteres.


Un buen ejemplo del mestizaje es la oferta gastronómica del barrio. Nuevos restaurantes que marcan la tendencia de la gastronomía de Palma, locales con carisma que son capaces de atraer tanto a locales como a turistas.


Y es que Santa Catalina no descansa nunca. Después de las cenas, llegan las copas, los bailes y la vida nocturna, convirtiéndose así en una de las zonas más activas y divertidas de ciutat.


Santa Catalina es un barrio del que enamorarse. Todos sus locales, establecimientos, restaurantes, tiendas, mercados, teatros y rincones parecen formar parte de un todo en el nada sobra y todo suma.


Piérdete por Santa Catalina y no querrás que nadie te encuentre jamás.

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