«Arrels»: Katharina Grosse transforma la Llotja de Palma
Un pino de siete toneladas yace en el suelo de la Llotja de Palma. Está caído, con las raíces al aire y pintado en colores que ningún bosque ha conocido. A su alrededor, una tierra teñida avanza por el suelo y trepa por las columnas, como si el propio edificio hubiera empezado a echar raíces. Es «Arrels», la intervención con la que la artista alemana Katharina Grosse ha convertido la antigua lonja de mercaderes en un paisaje que no se contempla: se recorre. Estará abierta hasta el 31 de enero de 2027.
Un monumento que no se puede tocar
La Llotja, la Lonja para muchos visitantes, es una de las grandes obras del gótico civil mediterráneo. La levantó en el siglo XV el arquitecto mallorquín Guillem Sagrera como sede del Colegio de Mercaderes, en una Palma que vivía mirando al puerto. Dentro, seis columnas helicoidales se retuercen hacia las bóvedas como troncos de piedra. Cuesta imaginar un edificio mejor preparado para recibir un árbol.
Ahí está la primera clave de la obra. Grosse no podía perforar, clavar ni pintar la piedra, porque el monumento es intocable. Así que hizo lo contrario de lo que suele hacer. En vez de cubrir de color la arquitectura, construyó dentro de ella un modelo de paisaje y dejó que el color uniera todo lo demás.
Cuarenta toneladas de color
La cifra impresiona antes de cruzar la puerta. Según publicó Ultima Hora el día de la inauguración, la instalación pesa 40 toneladas, y su centro es ese pino policromado de siete. El resto es tierra de colores que cubre el suelo y escala bases, columnas y arcos.
El efecto desconcierta, en el mejor sentido. Como explica la web oficial de la Llotja, en «Arrels» desaparece la frontera entre pintura, escultura y arquitectura, entre pared y suelo, entre quien mira y quien participa. No existe un punto desde el que se vea «la obra». Hay que caminarla, rodear el árbol, levantar la vista hacia las bóvedas y volver a bajarla al suelo.
El título lo resume. «Arrels» significa «raíces» en catalán. Son las raíces de un árbol arrancado y también las de un edificio que lleva casi seis siglos anclado junto al mar. La propia artista lo planteó así en la presentación: lo efímero de su trabajo frente a la longevidad de la Llotja.
Quién es Katharina Grosse
Grosse nació en Friburgo de Brisgovia en 1961 y trabaja entre Berlín y Nueva Zelanda. Lleva más de treinta años sacando la pintura del lienzo. Su herramienta habitual es la pistola de pintura, y su soporte es casi cualquier cosa: muros, suelos, edificios enteros. Los árboles caídos ya aparecían en su obra, por ejemplo en I Think This Is a Pine Tree (2013). Ha expuesto en el Centre Pompidou-Metz, el Hamburger Bahnhof de Berlín, el MoMA PS1 de Nueva York y la Bienal de Venecia. La muestra está comisariada por David Barro, director de Es Baluard Museu, que la coproduce con el Govern balear.
La Llotja, sala de arte contemporáneo
«Arrels» es el último capítulo de una etapa que empezó en 2023, cuando el Govern recuperó la Llotja como espacio expositivo. Antes pasaron por aquí Pedro Cabrita Reis, Julian Opie, Jaume Plensa y Joan Miró. Según el Govern, el edificio superó las 900.000 visitas en sus dos primeros años como sala. Si quieres seguir el hilo, nuestra ruta por las galerías de arte contemporáneo del casco antiguo reúne las direcciones que completan la visita. En la entrada sobre la Nit de l’Art contamos cómo Palma lleva treinta años abriendo sus puertas al arte de hoy.
Cómo visitarla
La Llotja está en la Plaça de la Llotja, 5. Abre de 10.30 a 13.00 y de 16.00 a 21.00. A partir de noviembre, la sesión de tarde termina a las 19.00. La exposición se puede ver hasta el 31 de enero de 2027. Merece la pena ir sin prisa: la luz que entra por los ventanales cambia mucho entre la mañana y la tarde, y el color de la instalación cambia con ella.
De la Llotja a la azotea
Para quien se aloja en la Calatrava, el plan se dibuja solo. La Llotja queda a un paseo de Es Princep: se sigue la muralla y se pasa bajo la Almudaina y la Catedral. Entra a las 16.00, cuando abre la sesión de tarde, y vuelve caminando junto al mar. Llegarás a tiempo de ver caer el sol desde ALMAQ, la azotea de Es Princep, con la bahía al fondo y la cabeza todavía llena de color.