Calles con nombre de oficio en Palma: la ciudad de los gremios
En 1576, un recuento de los propietarios de casas de Palma dejó constancia de una ciudad que vivía del trabajo de sus manos. Registró 237 paraires preparando la lana, 110 assaonadors curtiendo pieles, 106 zapateros, 72 carpinteros y 32 plateros. Casi cuatro siglos y medio después, la mayoría de aquellos talleres ha desaparecido, pero muchos de sus oficios siguen escritos en las esquinas. Basta levantar la vista hacia las placas del casco antiguo para descubrir que Palma conserva en su callejero el mapa de la ciudad gremial que fue.
Una ciudad ordenada por oficios
En la Palma medieval, como en Barcelona o Valencia, los artesanos de un mismo oficio tendían a agruparse en la misma calle. El taller y la tienda solían ser el mismo espacio, y la materia prima tenía que estar a mano. El gremio, la corporación que reunía a los maestros de cada oficio, fijaba las normas de calidad, los precios y el aprendizaje. Con el tiempo, la costumbre de nombrar la calle por lo que en ella se hacía acabó convirtiéndose en nombre oficial.
Parte de esa memoria llegó a desdibujarse. Formas genuinas como Corderia se recuperaron en democracia gracias a la normalización del nomenclátor de 1990, como recuerda este reportaje de Ara Balears. Para ir más lejos hay una obra de referencia: Els carrers de Palma, del lingüista Gabriel Bibiloni. El libro recoge el historial toponímico de cada calle del municipio y obtuvo el premio Miquel dels Sants Oliver de l'Obra Cultural Balear.
La Calatrava, el barrio que dio nombre a un oficio
El caso más singular está en el propio barrio de Es Princep. La Calatrava fue durante siglos el barrio de los curtidores. Tanto es así que en Mallorca a los assaonadors se les conocía también como calatravins, según recoge la Gran Enciclopèdia Catalana. Aquí el orden habitual se invierte: no es el oficio el que bautiza la calle, sino el barrio el que presta su nombre al oficio.
La huella sigue en la trama urbana. A pocos pasos del hotel corre el carrer dels Blanquers, dedicado a los artesanos que eliminaban el pelo de las pieles y las dejaban "en blanco" antes del acabado final. Bajo los cimientos de Es Princep aparecieron durante la obra restos de una antigua curtiduría, hoy integrados en el edificio, como contamos en Palma secreta desde las murallas.
Paraires, Corderia, Argenteria: un oficio en cada placa
Carrer dels Paraires. Los paraires eran los menestrales que preparaban la lana antes de que llegara al telar: la lavaban, la cardaban y la peinaban. En la Palma del siglo XVI era el oficio más numeroso de todos, reflejo del peso que tuvo el textil lanero en la economía de la isla. Hoy, en el entorno de Sant Nicolau, la calle ha cambiado los cardadores por boutiques de diseño y tiendas vintage, pero conserva algo de su aire de obrador.
Carrer de la Corderia. Aquí trabajaban los cordeleros, que trenzaban cuerdas y sogas para el puerto, el campo y la casa. Es uno de los pocos lugares de Palma donde el oficio y la placa todavía coinciden. En el número 13, Mimbrería Vidal sigue vendiendo cestería, cuerdas y sillas de asiento trenzado. De los talleres de cordelería que trabajaban en el siglo XVI, es prácticamente el único que sigue en pie.
Carrer de l'Argenteria. Entre la Bosseria y Santa Eulàlia, la calle de los plateros todavía alberga joyerías. Su ramal hacia la plaza d'en Coll, el carrer dels Argenters, recuerda que el callejero también se reescribe: según Bibiloni, hasta 1863 se llamaba carreró d'en Cassola.
Cuando es el comercio quien bautiza la calle
A veces el camino es el inverso. El Forn de la Glòria, en la calle del mismo nombre, está documentado como comercio desde 1717, y sus propietarios sitúan su origen aún antes, en el Llibre del Repartiment del siglo XIII. Ocupa un edificio de 1870, reformado en 1903 con elementos modernistas, y conserva su horno de leña original. Que la calle tomara el nombre del horno, y no al revés, dice mucho de su arraigo en la ciudad. Su historia puede consultarse en Emblemàtics Balears.
Casos así explican por qué el Ajuntament de Palma mantiene un catálogo de Establecimientos Emblemáticos, que en 2026 ha alcanzado los 135 negocios. Para entrar se exige un mínimo de 75 años de actividad o una singularidad reconocida por una comisión técnica. Quien quiera recorrerlos puede empezar por la ruta de comercios emblemáticos de Visit Palma.
Leer la ciudad a pie de calle
El mejor consejo para este paseo es no tener prisa y mirar hacia arriba. Muchas placas del casco antiguo incluyen el nombre en catalán y, a veces, una breve explicación de su origen. Cada esquina es una pequeña lección de historia económica: dónde se trabajaba la lana, dónde se vendía la plata, dónde olía a cuero recién curtido.
La palabra gremio viene del latín gremium, "regazo": el lugar donde uno está al abrigo de los suyos. No es mala imagen para cerrar el paseo de vuelta en la Calatrava, entre curtidores y blanqueros, con un cóctel en Gremium, la coctelería de Es Princep.
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