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Los mercados de Palma: comer la ciudad a ras de barrio
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Los mercados de Palma: comer la ciudad a ras de barrio

escrito por Es Princep / junio 12, 2026

Antes que las catedrales y los palacios, una ciudad mediterránea levantaba sus mercados. La plaza de abastos fue durante siglos el verdadero centro de gravedad urbano: el punto donde el campo entraba en la ciudad, donde el pescado recién desembarcado se cruzaba con la verdura del interior y donde se intercambiaban, de paso, noticias, precios y conversación. Palma no es una excepción. Recorrer sus mercados sigue siendo una de las formas más honestas de leer la ciudad por dentro, barrio a barrio, lejos del circuito monumental.

Lo singular de Palma es que no ha concentrado su vida de mercado en un único templo gastronómico, como han hecho otras capitales. La ha repartido. Cada mercado tiene su carácter, su horario y su geografía social, y juntos dibujan un mapa de la ciudad mucho más fiel que cualquier guía. Esta es una ruta para recorrerlos con criterio.

Mercat de l’Olivar: el gran mercado del centro

A pocos pasos de la Plaça d’Espanya, entre ésta y la comercial calle Sant Miquel, el Mercat de l’Olivar es el mercado de abastos de referencia de Palma. Inaugurado en 1951 —su nombre recuerda los olivares que ocupaban antiguamente la zona— y reformado a fondo en 1997, ocupa un edificio de dos naves perpendiculares que reúne más de un centenar de puestos repartidos en dos niveles.

Aquí conviven el mercado tradicional —pescado y marisco del día, carnes, frutas y verduras de temporada, quesos, embutidos como la sobrasada— con una planta gastronómica pensada también para el visitante: barras donde tapear, puestos de ostras y cava, y restaurantes que cocinan al momento lo que uno acaba de comprar abajo. Abre de lunes a sábado por la mañana (los viernes amplía parcialmente hasta la tarde), con la zona gastronómica activa hasta media tarde. Es el mercado más accesible y el mejor punto de partida para quien lo visita por primera vez.

Mercat de Santa Catalina: el más antiguo, a un paso del mar

El edificio actual del Mercat de Santa Catalina data de hacia 1920, lo que lo convierte en el mercado más antiguo de Palma, anterior al Olivar y a Pere Garau. Está en el corazón de Santa Catalina, el antiguo barrio de pescadores que creció extramuros, junto al baluarte de Es Baluard, y que conserva fachadas modernistas levantadas entre finales del siglo XIX y principios del XX por los indianos que regresaban de Cuba.

Con alrededor de medio centenar de puestos, mantiene el pulso del mercado de barrio —pescado, carne, fruta y verdura de proximidad—, pero hoy es también uno de los puntos de encuentro gastronómico más animados de la ciudad. Una curiosidad que conviene conocer: algunos de sus bares permiten comprar el producto fresco en las paradas y llevárselo a la parrilla para que lo cocinen allí mismo. Alrededor, el barrio prolonga la experiencia con cafés de especialidad, vermuterías y restaurantes, y el Paseo Marítimo queda a pocos minutos a pie.

Mercat de Pere Garau: el más local de todos

Al este de las Avenidas, lejos del casco antiguo, el Mercat de Pere Garau es el mercado más genuinamente local de Palma. Su pabellón cubierto, plaza de abastos desde 1943, reúne en torno a un centenar de puestos permanentes; pero su sello distintivo es el mercado exterior de los martes, jueves y sábados por la mañana, cuando más de doscientos puestos se extienden por las calles que rodean la plaza.

Es el único mercado de Palma donde los payeses de los pueblos de la isla siguen vendiendo directamente lo que cultivan —de ahí sus precios— y también el único donde aún se venden animales vivos de pequeño tamaño, como aves de corral, conejos o pájaros, en una zona específica. Todo ello en un barrio profundamente multicultural, donde los colmados de productos sudamericanos conviven con restaurantes chinos y tabernas de toda la vida. No es un mercado pensado para el turista, y precisamente por eso merece la visita.

La rareza: el Mercat Ecològic de la Plaça dels Patins

Para terminar, una parada que pocos visitantes conocen. En la Plaça del Bisbe Berenguer de Palou —que los palmesanos llaman Plaça dels Patins— se monta cada martes y sábado por la mañana el Mercat Ecològic de Palma, en marcha desde 2010. No es un mercado de abastos al uso, sino un mercado de venta directa: aquí no hay intermediarios ni revendedores, solo agricultores ecológicos vendiendo lo que han cultivado en sus propios campos, algo que ya no queda en ningún otro punto de la isla.

Una veintena de familias productoras sostienen el proyecto, impulsado por asociaciones de productores y consumidores junto al Ayuntamiento. Lo que se encuentra allí cambia con la estación —es la mejor manera de entender qué da realmente el campo mallorquín en cada momento del año— e incluye desde fruta y verdura de variedades locales hasta pan de espelta, quesos, mieles, aceites y semillas autóctonas. Una visita breve, pero reveladora para quien quiera comprender la despensa de Mallorca en su versión más pura.

Cómo vivirlos desde Es Princep

Desde el barrio de La Calatrava, donde se encuentra Es Princep, los mercados del centro quedan a un paseo: l’Olivar y Santa Catalina son perfectos para una mañana sin prisas, mientras que Pere Garau o la Plaça dels Patins recompensan a quien quiere salir del circuito habitual. La mejor hora es siempre la primera de la mañana, cuando el género está intacto y el ritmo es el de la ciudad real.

Y si la idea es disfrutar del producto de Mallorca sin madrugar, el viaje termina en casa: en el rooftop del hotel y en su propuesta gastronómica, esos mismos ingredientes —el pescado mediterráneo, la verdura de temporada, el aceite de la isla— llegan ya convertidos en cocina, con las vistas de Palma como telón de fondo.

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